martes, 28 de agosto de 2018

La importancia de volver




Este verano, en un momento vacacional, salimos una amiga y yo, con nuestras respectivas hijas,  a “navegar” con un patín de pedales de agua, de esos que vas pedaleando y dirigiéndolo con una pequeña palanca a modo de “timón”. Salimos entusiasmadas y con ganas de explorar algunas calitas cercanas.   Llegamos a una calita de agua cristalina y sin apenas oleaje. El paraíso. Disfrutamos un ratito bañándonos en sus aguas, dejándonos flotar, observando a los pequeños pececillos... pero al cabo de unos minutos teníamos que volver. Cuando emprendimos el regreso a la playa nos encontramos en una zona de ciertas corrientes submarinas que evitaban que nos dirigiéramos de nuevo a la orilla y nos provocaban entrar en bucle sin avanzar hacia nuestro destino. Sudamos lo nuestro probando diferentes maniobras para salir de allí, alejarnos de las rocas y encauzarnos de nuevo hacia la orilla. Finalmente, y después de unos largos minutos conseguimos salir del bucle y orientarnos hacia la playa sin más altercados. Exhaustas, medio mareadas y agotadas llegamos por fin a tierra firme.

En esta más o menos “absurda” experiencia tomé mejor consciencia de la importancia de volver.

No es llegar… es “volver”.

El verano nos invita a salir y disfrutar de otra manera, a deleitarnos del mar, la montaña, el sol, de otros lugares; nos  brinda, para muchos, unos días de vacaciones para hacer algo nuevo, para saltar de la rutina, y facilitar a nuestro cerebro y biología entera un proceso de oxigenación y goce. Es una época del año imprescindible para desconectar, descansar y disfrutar de otra manera. Pero todo llega a su fin, y tarde o temprano hay que volver. La vuelta la solemos vivir con cierta resignación y malestar, pero hay que hacerlo.

Volver a casa, al lugar de partida; volver con los nuestros, nuestra gente; y sí, también, volver a la rutina, al trabajo, a los horarios y a los plazos. Después de unas semanas de ocio volver “a lo de siempre” se puede convertir en todo un reto para evitar los posibles “daños colaterales” de desánimo, abatimiento antes de empezar de nuevo, y la llamada “depresión post-vacacional”. Tarde o temprano tenemos que volver al mundo ordinario, como expone la metáfora de El Viaje del Héroe.


"El hombre viaja por el mundo en busca de lo que necesita 
y vuelve a casa para encontrarlo"
Georges Augustus Moore

Volver es importante. Es la evidencia  de que no nos hemos perdido, y hemos podido salir de los bucles, de las trampas, de las mareas, del bosque encantado, y de las profundidades rocosas de un país lejano. Es la señal de que sabemos de dónde venimos, a pesar de los inconvenientes, obstáculos e impedimentos que nos hemos podido encontrar. Es la evidencia de que sabemos de dónde somos, qué lugar nos pertenece y a qué lugar pertenecemos.  El ciclo del viaje debe cerrarse, debe volver al punto de partida, aunque nosotros, después de la aventura, ya no seamos los mismos que la iniciaron.

El ciclo de cualquier etapa de nuestra vida que consiste en “estar ausente” del mundo ordinario, de la rutina y la “normalidad” (sea bien por unas vacaciones, un periodo de trabajo fuera de nuestra ciudad o país, una enfermedad grave o un proceso de reconstrucción psicológica y emocional)  debe concluir. Después de las aventuras, los aprendizajes y los logros que hemos ido adquiriendo durante nuestro periplo, hay que volver a casa. Así es la historia de cualquier héroe; es la historia de cualquier etapa de nuestra vida y de toda nuestra vida entera. Saber volver es importante. Y también saber volver a nosotros mismos, cuando nos dejamos perder entre los avatares de la vida, o en circunstancias que irrumpen nuestra cotidianidad. Saber volver para empezar otra vez,  de otra manera, reciclados, refrescados, renovados.

Termina una aventura y empieza otra; siempre dentro de la emocionante aventura de vivir.
Feliz vuelta.


miércoles, 1 de agosto de 2018

La cuarta F: La felicidad




Hace más de un año escribí bajo el título de El poder de las 3F’s (apartado que he mejorado y enriquecido para #LiderandoRetos, editado por Gestión 2000 este mismo año); un artículo sobre tres aspectos a tener en cuenta para la consecución de objetivos: Foco, Flexibilidad y Filtros. Al cabo de unos días de publicar aquella entrada y hablando con un buen amigo al respecto, este me comentó: Te ha faltado la cuarta F: la de Felicidad. Cuánta razón tenía. Ahora, más de un año después, lo retomo.
Nos disponemos a seguir la vida, incluso a alcanzar nuestros sueños, y a menudo nos descuidamos de nuestros propios valores personales o vitales y de la importancia de mantenernos felices mientras seguimos viviendo.

La felicidad es un concepto sobre el cual grandes figuras de la filosofía, neurología, y psicología han escrito, estudiado y llegado a sus propias conclusiones. Por experiencia propia, puedo decir que la felicidad no es algo que “viene”, es algo que se “crea”; y sí, implica grandes dosis de voluntad y coraje para alcanzarla. ¿Desde dónde? Desde lo más profundo de uno mismo; desde las entrañas de cada persona que se proponga ser feliz. La premisa siempre será: querer serlo. Se trata de una actitud y decisión consciente.

Hace unos días leí un artículo de Noelia Conrado bajo el titular: El secreto de la felicidad, según 12 de los filósofos más sabios de la historia y me he inspirado para escribir esta entrada.
Tal y como señala Conrado, “Unos son felices ganando dinero; otros, recibiendo honores, y otros viajando. Cada cual posee el secreto de su propia felicidad. Pero para eso hay que conocerse bien a uno mismo, claro está, y saber qué se quiere." De esta frase se presuponen varios puntos: 


1      Que la felicidad existe

2     Que no tiene un patrón común, cada uno es feliz a su manera

3     Que tenemos la habilidad de conocernos a nosotros mismos

4     Que podemos saber qué queremos


La felicidad en sí mismo es un valor que lo podemos tener en cuenta en nuestra existencia o no. Más allá de las adversidades, los procesos de cambio más o menos dolorosos, y los conflictos que podamos tener a lo largo de nuestra vida, existe (si nos ocupamos de desarrollarlo) un estado intrínseco que nos permite, a pesar de todo, sentirnos a gusto y satisfechos con nuestro estilo de vida; estar atentos a aprender y mejorar, observar los puntos críticos y ponernos a trabajar en ellos para seguir siendo felices, o volver a serlo, si en algún momento hemos perdido ese sentir. 


“En realidad las personas no buscan la felicidad, lo que quieren es hacer cosas que den sentido a su vida para sentirse felices. 
 Aldous Huxley


El concepto de felicidad es muy subjetivo. Como dice Huxley, tiene que ver con dar sentido a la propia existencia; el sentido de la vida. Y el sentido de nuestra vida tiene que ver, con el sentimiento de autorrealización personal, descubrir los valores que nos llevan y nos mueven a vivir de una manera determinada. La felicidad misma está vinculada a otros valores, también muy subjetivos: la paz interior, el dinero, el amor, el estatus y reconocimiento social, la libertad, la soledad, etc. Para muchos filósofos, la felicidad está relacionada con, como dice Conrado, conocerse bien a uno mismo.
Cada uno de nosotros somos dueños de nuestra propia vida y en nuestras manos está cómo queremos vivirla. Pero si no nos conocemos, si no apostamos por nuestro propio desarrollo personal, nunca descubriremos qué es lo importante para nosotros, cuáles son nuestros valores vitales, qué es lo que nos mueve a la hora de tomar decisiones y conseguir nuestras metas, y en qué somos buenos y dónde enfocar nuestras energías para potenciar nuestros talentos.
La felicidad no es gratis. No se nos da; depende de nuestra actitud, del estilo de vida que queramos alcanzar,  de nuestro propio autoconocimiento, y esto nos lo tenemos que ganar.
Al fin y al cabo si nos ocupamos de ser felices, sonreíremos mejor a la vida, haremos mejor las cosas, nos relacionaríamos mejor con nuestros diferentes entornos y personas, seremos más creativos, comprensivos y amables, y eso, inevitablemente potenciaría nuestra propia felicidad. Todos ganamos.

Llegados a este punto te invito a reflexionar:
¿Qué es para ti ser feliz?
¿Qué haces para serlo? ¿Y para no serlo?
¿Cuál es tu estilo de vida deseado?
¿Por dónde vas a empezar?


Gracias, como siempre, por leerme.

lunes, 18 de junio de 2018

Cómo generar un NO-Problema






Etimológicamente problema significa asunto que se tiene que solucionar. A veces emergen circunstancias que dificultan u obstaculizan nuestro camino (se puede torcer  un día, o complicar un proyecto); ahora, que eso se convierta en un problema es asunto nuestro. Pienso que los problemas, más allá de los entresijos,"enigmas" y "misterios" que presentan algunas de las ciencias, como las matemáticas o la física, no existen como tal, los generamos nosotros. Los seres humanos somos seres complejos por naturaleza, y como tal tenemos una habilidad especial para generarnos problemas. 

Un término más ajustado para definir este tipo de "contratiempos" sería las dificultades (cualidad de requerir mucho esfuerzo para lograrlo): procesos que se complican y cuestan más tiempo, dedicación, energía o dinero en solucionar o resolver. "Complicado" significa hacer más difícil, las cosas se complican cuando emergen aspectos y elementos a tener en cuenta e implican la participación y colaboración de muchos elementos y, a menudo, otros subprocesos que a su vez están condicionados por otros elementos. A veces las circunstancias se complican, pero que eso lo vivamos como un problema, tiene más que ver con nuestra actitud ante lo que acontece, que en lo acontecido en sí mismo. En ocasiones, las cosas suceden de manera sencilla y amena, los acontecimientos se despliegan fácilmente y sin obstáculos o resistencias; y en otras, las cosas se complican, surgen dificultades,  trabas, intransigencias que nos sacan de nuestra zona de comodidad y de lo previsible, entonces sentimos que «perdemos el control» sobre eso y empezamos a generar problemas hacia dentro nuestro y hacia nuestro entorno.

Esto es también bastante habitual en las relaciones interpersonales en las empresas, donde la eficaz interactuación entre diferentes roles y rangos, departamentos y equipos, es imprescindible para la buen funcionamiento de una organización, de cumplir con los objetivos y contribuir al éxito. En Liderando retos (Gestión 2000) Empar Callejas y yo, exponemos y analizamos diferentes casos en los que, por diversas causas (mala gestión, comunicación ineficaz, falta de liderazgo, objetivos mal planteados, etc) se han generado una serie de conflictos interpersonales que se han convertido en auténticos obstáculos para el desarrollo del trabajo individual y colectivo y la eficaz  consecución de objetivos. Saber prevenirlos, afrontarlos o resolverlos, puede ser clave, para el beneficio de todos. Para ello proponemos una serie de estrategias y dinámicas que se pueden realizar tanto individualmente, como por parejas o con los miembros de un equipo. 

Las empresas estan formadas por personas, y el logro de una empresa o el éxito de una organización se debe en gran parte al sentimiento de logro, de éxito y de contribución de cada uno de los miembros que la forman. Cuando dentro de nuestra organización priman la queja y la resignación, la culpa y el beneficio individual por delante del beneficio colectivo, se está generando un problema; cuando en lugar de facilitar la convivencia y el trabajo en equipo, lo complicamos añadiendo cargas emocionales innecesarias o luchas de poder, estamos generando un problema; cuando nos desentendemos de atenciones y responsabilidades que nos competen; estamos generando un problema. Dentro de un sistema (como es una empresa, asociación o organización) esto puede desencadenar situaciones no deseadas, y que contribuyamos a que el asunto se agrave si no tomamos consciencia y hacemos algo para evitar conflictos más graves o de mayor repercusión. 

Generamos problemas cuando no tomamos decisiones, y nos dejamos llevar por la inercia de lo cotidiano; cuando no estamos alineados con  nuestros valores, cuando lo que decimos no se corresponde con lo que hacemos,  cuando generamos desconfianza... Generamos problemas cuando complicamos la labor y las tareas de los demás cuando no nos hacernos responsables de las nuestras, cuando perdemos la visión sistémica y velamos solamente por nuestro propio beneficio viviendo de «renta emocional» y a crédito de favores; cuando abusamos de la confianza y de la amistad, del buen rollo o de la actitud generosa o bienintencionada de otros; cuando nos predisponemos a recibir, sin estar dispuestos a dar, ni siquiera a negociar. Generamos problemas cuando vemos las carencias y los “vacíos” en lugar de contemplar los recursos y los “llenos”, cuando nos enfocamos en las sombras sin percibir las luces, cuando nos dejamos llevar por los dramas sin pensar creativamente en soluciones. Vivimos la realidad como drama cuando nos movemos por los defectos, incapacidades y limitaciones de nosotros mismos y de los demás en lugar de orientarnos hacia los efectos, capacidades y potencialidades, nuestras y del mundo. Si somos capaces de crear problemas, somos capaces de generar no-problemas.

Y esto es posible en las diferentes áreas de nuestra vida. Incluso en el entorno laboral y profesional.

A menudo los conflictos no se generan por mala fe o intención, a menudo son derivados de falta de comunicación transparente y honesta; falta de información o verificación de la misma, o de confrontar diferentes puntos de vista. O de todo un cúmulo de situaciones y acontecimientos desafortunados que nos llevan a la confusión y a desconfiar de las personas o equipos implicados.
 
No se trata de evitar los conflictos, si no de aprender a «ir más allá». Generar un no-problema tiene que ver en concebir las situaciones (y movernos en ellas) de manera global, holística y sistémicamente. Generamos un no-problema cuando nos regimos por valores elevados como la concordia, el respeto, el reconocimiento, la responsabilidad, la aceptación de otras maneras de percibir, pensar, sentir y hacer.  Cuando estamos enfocados más en unir que en separar, más en establecer semejanzas que señalar las diferencias, cuando acompasamos los acontecimientos sin resistencias y asumiéndolos como parte de un proceso permitiéndonos fluir y aprender de manera natural, y esto nos permite ser más eficaces y resolutivos a la hora de gestionarnos frente a los acontecimientos. Generamos un no-problema cuando mantenemos nuestro ego a raya. 



“La solución a los problemas que ves en tu vida, es vivir de tal forma que desaparezca lo problemático.” 
Ludwing Wittgenstein 

Si ponemos especial atención y nos ocupamos de generar no-problemas estaremos enfocando nuestra energía en generar más oportunidades de éxito y logros deseados, que desavenencias y conflictos.



¿Cómo generas tú un no-problema?

Gracias por leerme.





 

viernes, 27 de abril de 2018

#EstoVaEnSerio






A menudo, cuando decidimos salir de nuestra zona de confort y emprender algo que nunca antes habíamos hecho, empezamos a contemplar posibilidades de éxito para alcanzar un propósito o hacer realidad un sueño. Entonces es cuando empezamos a diseñar un plan aproximado para determinar qué pasos serán los necesarios seguir para conseguirlo y así nos trazamos un mapa de ruta hacia donde queremos llegar.

Hasta ahí todo bien.

La mayoría de las veces no tenemos ni idea de en qué posible lío nos estamos metiendo, ni somos demasiado conscientes del proceso por el que vamos a tener que pasar. Nunca antes lo hemos hecho y todo va a ser nuevo para nosotros; sin embargo, aunque nos pueda suponer cierta sensación de vértigo o desazón, nos ponemos a ello. Ni qué hablar de ni tan siquiera imaginarnos lo que significará para nosotros (el sentido que le daremos) el hecho de alcanzarlo, más allá de la sensación de logro. Lo queremos hacer, lo queremos conseguir, a pesar del miedo o la incertidumbre, y punto.
Vamos marcándonos la ruta, y vamos haciendo el camino al andar.

Todo puede ir yendo más o menos bien, a pesar de que nos encontremos algún que otro obstáculo que superar, alguna emergencia que atender o algún reto que liderar o gestionar. Vamos avanzando y cumpliendo plazos, cumpliendo requisitos y consiguiendo pequeñas metas que poco a poco nos van acercando al logro u objetivo deseado. Vamos hilvanando nuestra ruta y tejiendo la senda que nos lleva hacia allí.

Hasta que llega el día…

Habrán muchos, pero solamente habrá un día, en el que empezamos a tomar consciencia de que nuestro trayecto está llegando a su fin. Ha empezado la cuenta atrás y podemos llegar a sentir que el suelo se tambalea a nuestros pies. ¿Estamos preparados para asumir el reto de llegar allí? ¿Estamos preparados para sostener aquello que nos venga a partir del logro conseguido? ¿Qué ocurrirá entonces?

Ese día sentimos con más intensidad que ningún otro que esto ya está ahí, que esto va en serio. La hora de la verdad se acerca, y una vez pasemos por ese momento de logro, subiremos, como si de un videojuego se tratara, a otro nivel, entraremos en otra fase, siguiendo el ciclo natural del aprendizaje, de la evolución personal, de la vida. Llegaremos a un fin para empezar un nuevo comienzo. Hay un día en el que tomamos consciencia, no sin cierto vértigo, de que todo aquello cuidadosamente tejido, creado y elaborado a espaldas del mundo y con solamente unos cuantos aliados, va a dejarse ver por una multitud, se va a exponer ante un público desconocido y se va a revelar la labor de muchos meses o tal vez años de trabajo, de renuncias, de compromiso, disciplina y noches sin dormir. Entonces nos damos cuenta que entramos en el último tramo de un largo viaje y que, más allá de un sueño realizado, a pesar de todo el proceso, #EstoVaEnSerio.

El impacto que podrá causar sobre nosotros mismos y sobre otras personas está fuera de nuestro control. Los acontecimientos que se desarrollarán a partir de entonces, también. Ya no son castillos en el aire o sueños de un loco con delirios de grandeza. Existen evidencias de que estamos cada vez más cerca, de que los plazos los estamos cumpliendo, que los requisitos se van afianzando, y de que nuestro objetivo ya se puede sentir, se empieza a palpar, ver, leer. Se constata, empieza a ser algo más real. Las señales son cada vez más eminentes y aquello por lo que tanto hemos soñado (y hemos trabajado) se desvela ante nosotros. Eso por lo que hemos estado dedicando horas, energía y atención durante mucho tiempo atrás, de repente se va materializando frente a nosotros sin demora, sin obstáculos, sin titubeos… #EstoVaEnSerio y ya no hay vuelta atrás, que el camino recorrido no se puede des-recorrer, porque fue un camino sin retorno, porque es lo que tienen las aventuras, que convierten a los hombres y mujeres comunes en auténticos héroes y heroínas de su propia historia.

Volveremos a casa, después … más tarde… para emprender el siguiente ciclo, el siguiente nivel, y seguir cultivando el jardín de nuestra vida. Que la vida también va en serio, aunque haya momentos que la tenga que salvar fuertes dosis de risas y sentido del humor.
#EstoTambienVaEnSerio.

Gracias Carmen Esther Lafuente, por tu consentimiento para yo poder hacer uso de este hastag ,que tú creaste, y que me inspiró para esta entrada. ;)


Gracias por leerme.


jueves, 8 de febrero de 2018

Los retos que elegimos, los retos que nos llegan




No es lo mismo aventurarse hacia algo desconocido por propia elección de hacer algo nuevo, de probar otras cosas, de estar dispuestos asumir los riesgos y las consecuencias  porque queremos y nos apetece, que ser empujados a salir de nuestra zona de confort porque otros “han movido ficha” en su  vida, las circunstancias han cambiado y nos vemos afectados de manera directa o indirecta a cambiar también algun aspecto de nuestra vida.

No es lo mismo, cuando decidimos retarnos a nosotros mismos e indagar sobre nuestros propios recursos y capacidades, explorar nuestro potencial y encontrar ciertas limitaciones a superar, que sentirnos que vamos directos al abismo vacios de equipaje y temerosos de lo que nos vayamos a poder encontrar.

Hay retos que elegimos y hay que nos llegan.

Los que nos llegan por ley de vida  no los podemos evitar, vendrán de forma drástica o de forma sutil, podrán llegar llamando a nuestra puerta una y otra vez hasta que aceptemos el reto de salir de lo ya conocido y aceptar, solventar y superar el reto.

Sin embargo lo que ambos tipos de retos tienen en común es el aprendizaje intrínseco que supone salir de nuestra zona de confort, de nuestro estado asegurado y de la sensación de comodidad, en pro de conseguir mejorar alguna área concreta de nuestra vida o toda ella. Si estamos abiertos y despiertos a darnos cuenta de lo aprendido sabremos ver que realmente ha habido una ganancia extraordinaria al final del camino que ha terminado por favorecer nuestro propio crecimiento personal.

La vida en sí es un reto, estamos en continuo cambio y pocas cosas y situaciones son para siempre: ni las amistades, ni los estudios, ni los puestos de trabajo, ni las relaciones personales, ni el lugar de residencia,... A menudo, por circunstancias, la vida nos empuja a cambiar, a dejar de acomodarnos, a salir hacia territorio desconocido y emprender viajes heroicos de transformación y evolución personal, si es así como los queremos percibir; porque hay personas que los viven como verdaderas desgracias sintiéndose víctimas de los acontecimientos. Tememos a los cambios no elegidos porque nos ponen en jaque ante nosotros mismos: ¿Seré capaz de adaptarme a esto? ¿Cómo podré hacer frente a esta situación? ¿Cómo voy a soportarlo? ¿Qué voy a hacer ahora? Este tipo de retos cuestionan lo que ya tenemos como establecido, asentado y creyendo fiable y para siempre; cuestionan nuestras propias creencias, ponen en entredicho nuestros propios valores y nuestra manera de ser y estar. Y esto no nos suele gustar.

Para mí los seres humanos se diferencias en dos tipos: los felices y los no-felices. Curiosamente, la mayoría de los no-felices son los se niegan a cambiar y viven el cambio de una manera dramática y quejumbrosa, les cuesta probar algo nuevo y ciertamente algo arriesgado no vaya a ser que se queden peor de cómo empezaron; y la mayoría de los felices son los que se sienten realmente cómodos saliendo de su propia zona de confort, los que aprenden las lecciones de la vida, los que se aburren de hacer siempre lo mismo o estar en su área acomodada durante demasiado tiempo. Las personas felices se motivan solas. Estas personas se mueven, hacen cosas diferentes, innovan y tienen como ley natural hacer cosas nuevas para mejorar su vida y sentirse autorrealizados y felices. Son mentes inquietas que buscan sus propios retos para mejorar, crecer y sentirse vivos.

Cuando nos acomodamos durante demasiado tiempo a una realidad y nos negamos a cambiar o a aprender, la vida nos propondrá un sinfín de oportunidades para que salgamos de ahí, para que hagamos algo diferente, para que emprendamos nuevos caminos. A menudo no nos damos cuenta porque no lo queremos ver, otras veces sentimos la llamada y aún con miedo o cierta desazón decidimos salir de lo conocido y emprender una nueva manera de hacer, pensar, trabajar, relacionarnos, etc. Una nueva manera de vivir.

Cuando nos entrenamos ante los retos que nosotros mismos elegimos vamos preparándonos para los retos que la vida tiene para nosotros: superar una enfermedad, sufrir la pérdida de un ser querido, cambiar de situación laboral, … es algo que a todos nos pasará (o nos ha pasado) en algún momento de nuestra trayectoria vital; son enseñanzas y aprendizajes de la vida cotidiana. Pasar por los retos de la vida tenemos que  pasar todos en más de una o mil ocasiones a lo largo de nuestro recorrido; sin embargo, si nos plantemos nuevas metas, nuevas aventuras y nuevos retos por voluntad propia y decidimos pasar a la acción, planificar los acontecimientos, reconocer y aceptar nuestras capacidades y apasionarnos con ello ya llevaremos mucho bagaje y destreza para cuando la vida nos ponga en jaque ante situaciones no deseadas. ¿Por qué? Porque sabremos que es algo que pasará, porque sabremos que es un proceso de aprendizaje y toma de consciencia, porque sabremos que al final nos habremos convertido en alguien con más experiencias, más sabio y con más historias que contar. Porque si fuimos capaces de superar nuestros propios retos elegidos, también seremos capaces de superar los que nos brinda la vida.

Y llegados a este punto: ¿Cuál será tu próximo reto que vas a elegir ?

#LiderandoRetos

Gracias por leerme

lunes, 6 de noviembre de 2017

El arte de saber "fracasar"





¿Qué proyecto emprenderías si supieras de antemano que no fueras a fracasar?

El miedo número uno de por qué no innovamos más y hacemos cosas diferentes, de por qué no nos arriesgamos más a hacer cosas nuevas, a cambiar de trabajo, a llevar a cabo un proyecto, o a emprender alguna iniciativa, es lo que llamamos “miedo a fracasar”. No nos frena necesariamente el fracaso, porque de hecho no existe. Nos frena el miedo. Que por otra parte, más allá del miedo natural de supervivencia, tampoco existe. Es algo que nos construimos en nuestra mente creando toda una serie de imágenes catastróficas y horripilantes, llevadas por nuestras propias creencias limitantes y nuestros “virus mentales”. Puedes volver a leerlo: el fracaso no existe.
Es una de las que yo llamo, las tres mentiras capitales (sólo por citar algunas, porque hay muchísimas más) que nos han hecho creer, por educación, por círculo social, por lo que sea: la seguridad, el control y el fracaso.

SEGURIDAD

¿Qué es?
Viene del latín securitas y significa “cualidad de sentirse sin cuidado”. Podríamos deducir que quien se siente seguro es aquel que no requiere de atenciones ni cuidados especiales, porque dispone de todos los recursos internos para sentirse bien y a gusto. Confía en sí mismo y en su habilidad de respuesta. Sabernos cuidar de nosotros mismos, ocuparnos de la vida que queremos llevar y responsabilizarnos de ello, conlleva a sentirnos confiados con la vida, y por tanto seguros.
A menudo  hablamos de que nos falta «seguridad» y ni siquiera sabemos lo que es. No la podemos medir, pesar, ni calcular, es una nominalización que hasta que no la convertimos en adjetivo, no podremos convertirla en un sentir. Adquiere significado cuando nos sentimos seguros o inseguros, es un estado de la persona que habitualmente emerge ante situaciones de incertidumbre y duda. Y es natural cuando nos enfrentamos a algo nuevo. Sin embargo hay personas que ante la incertidumbre se sientes “seguras”. ¿Cuál es la diferencia? Que estas mismas personas creen y confían en ellas mismas como seres resolutivos y responsables de su propia existencia. Pero la seguridad en sí mismo, como tal, no existe. Nos han hecho creer eso de la seguridad laboral, por ejemplo, que entiendo como “un trabajo para toda la vida”, en el que se cobra a final de mes todos los meses de una vida. ¿Y cuando se retrasan los cobros? Nos ponemos a temblar y nos sentimos “inseguros” porque empezamos a desconfiar de que vayamos a cobrarlos. ¿Y cuando no nos pagan? Empezamos a cabrearnos porque esa “seguridad” nos la han quitado (además del sentimiento de frustración y falta de respeto hacia nuestro trabajo que eso acarrea…). En un universo cuya naturaleza es el cambio, la existencia de algo seguro, resulta algo extraño. Nada es para siempre, y eso algunos no lo llevan bien. Si no vamos cambiando para adaptarnos a las nuevas circunstancias, estamos perdidos. Sin embargo si confiamos en nuestras habilidades y recursos para gestionar los acontecimientos que nos hacen “tambalear” iremos generando más “seguridad” en nosotros mismos, y si estamos predispuestos a ello, tomaremos estas experiencias como hitos de aprendizajes en nuestra historia personal que nos indican que somos capaces de vivir atendiéndonos a nuestros propios cuidados.



"La seguridad es una superstición en la mente soñadora del ser humano."
Raimon Samsó en El Código del Dinero. Ed. Obelisco


CONTROL

Otra mentira. Nos han hecho creer que podemos ejercer el control sobre lo que nos sucede en nuestra vida y sobre los demás. El control tampoco existe, solo la capacidad de reflexionar y atender a nuestras emociones antes de dar una respuesta determinada o visceral a lo que está aconteciendo fuera de nosotros. Ese es el auténtico control que podríamos entender “sobre nosotros” mismos, pero poco más. Controlar implica saber gestionar nuestra fuerza, nuestros sentimientos, reconducir  nuestras conductas, educar a nuestra mente e intervenir oportunamente para reorientar, esclarecer y posicionarnos ante las circunstancias. Pero no podemos ejercer el control en todo, sobre lo que se nos va a acontecer durante el día, sobre cómo van a reaccionar otros, sobre cómo irá esa reunión o esa entrevista de trabajo tan importante para nosotros. Sólo, y no es poco, podemos ejercer el control sobre nosotros mismos auto educándonos, a través del autoconocimiento y un trabajo personal profundo para acceder a nuestro “centro” energético, y aprender a llevar las riendas de nuestra vida.


"En el afán de intentar controlar a los demás, olvidas que la única persona
a la que tienes el deber y derecho de controlar es a tí mismo"
Paulo Cohelo

FRACASO

El diccionario lo describe como el resultado adverso en una cosa que se esperaba sucediese bien.
Interesante. La clave está en que “se esperaba que sucediese bien”. Luego es más fácil que suceda algo no deseado, cuando esperas que “salga bien”. Si no esperas que salga bien, simplemente es un imprevisto. Si lo enfocamos des del punto de vista de un explorador, estaremos más pendientes del "a ver qué ocurre" y esperar la respuesta o el feedback a nuestras conductas y nos predispondremos a aprender de lo que acontezca. Así pues, si la respuesta no es la que esperábamos, entramos en la energía de buscar otras vias alternativas hasta llegar a una solución (o estado deseado) que realmente nos satisfaga.
"Fracaso" viene del latín frangere, y significa originalmente, romper o estrellarse. También se puede interpretar como fallo… Bueno, tampoco es tan grave. Todos hemos "fallado" alguna vez. El "rompernos" es algo opcional.
Realmente el fracaso tampoco existe más allá que, como la seguridad y el control, como mero constructo mental. Nos podemos sentir frustrados porque las circunstancias no se han desarrollado como esperábamos, o no hemos alcanzado (todavía) lo que queremos; es natural un sentimiento de frustración cuando ponemos mucho empeño y esfuerzo a que algo salga como queremos, pero si nunca lo hemos hecho antes, es muy probable que los resultados no sean como nos imaginábamos a la primera.


"Me gustan mis errores. No quiero renunciar a la deliciosa liberta de equivocarme"
Groucho Marx

Vamos a ver. Esperar que algo que no has hecho nunca, sea satisfactorio y cumpla todas tus expectativas a la primera. Mmmmh… es un poco de locos, ¿no? ¿O tal vez forme parte de una auto exigencia inducida por otros? ¿Os acordáis de vuestras “primeras veces”? Pues eso.
El fracaso no existe. Si sabemos tomar perspectiva y ver la situación como si les estuviera pasando a otras personas, en las que no tenemos ningún tipo de afiliación, nos daríamos cuenta que “total no es para tanto”. Pero como nos sucede a nosotros, la importancia es colosal, la gravedad magnánima, y el disgusto abrumador.  También es natural cuando ponemos tanta pasión en alcanzar nuestros sueños y nuestras expectativas no se van cumpliendo. Probablemente sea momento de “parar y mirar”, seguro que esos resultados esconden grandes aprendizajes que nos facilitarán mucha información útil  para seguir adelante y mejorar lo que hasta ahora habíamos hecho y, sobretodo, el cómo lo habíamos hecho. Sin embargo siempre podemos, si así lo deseamos, recuperar las fuerzas para volverlo a intentar, de otra manera, buscando nuevas estrategias, pensando, sintiendo y actuando de un modo diferente. Sin miedo a "fracasar".

Por otra parte, pienso que en pleno XXI todavia nos cuesta otorganos el tiempo para aprender de nuestros errores, cambiar nuestras estrategias, alcanzar nuestras metas, y disfrutar durante el viaje. La idea de dedicarnos a aprender, desarrollarnos y crecer como seres humanos, se desvirtúa por el reloj del conejo blanco de Alicia, total para no llegar nunca a ninguna parte. Es una manera de huir hacia no sabemos dónde, y probablemente, ni de qué. A menudo pienso que realmente lo del "miedo al fracaso" es una excusa para no hacer nada para lograr lo que realmente queremos, porque en el fondo lo que realmente tememos es a la responsabilidad que conlleva sostener el tener éxito.
Pero esto, como si de La historia interminable se tratara, "es otra historia". 


Gracias por leerme