lunes, 29 de julio de 2019

Seguir subiendo







Durante este mes de julio he tenido la oportunidad de llevar a cabo un pequeño propósito: desarrollar e impartir una triada de formaciones breves relacionadas con, a mi parecer, las tres fuentes más inspiradoras del comportamiento humano: la comunicación, la creatividad y la consecución de objetivos. Y lo he hecho por este orden.

#Comunicación, en forma de habilidades para desarrollar y practicar los entresijos más básicos y más divertidos de la comunicación humana e interpersonal: cómo percibimos nuestro entorno, cómo procesamos la información que captamos a través de nuestros sentidos, qué representación interna nos hacemos de ese entorno (o situación) y cómo respondemos ante él, con todo lo que conlleva atender con los oídos y escuchar con la mirada tanto las palabras como el lenguaje no verbal (tanto de nosotros mismos como de nuestros interlocutores).

#Creatividad, en forma de habilidades para expandir nuestra visión y aprender a ampliar la gama de posibilidades más allá de lo que siempre se ha hecho; abriendo nuevas y más creativas maneras de pensar para fomentar el pensamiento lateral; dar un giro a nuestra manera habitual de percibir y "traducir" los acontecimientos (problemas, situaciones, conflictos, objetivos) para encontrarles una salida o solución; hacernos preguntas útiles que nos permitan "dale la vuelta" al significado y contemplar diferentes posibilidades en la consecución de un sueño.

#Objetivos, en forma de habilidades estratégicas y técnicas que nos invitan a plantearnos nuestros propósitos de manera que puedan ser más eficazmente alcanzados, nos ayuden a focalizar la atención en lo que queremos conseguir y a encontrar maneras "realistas" de lograrlo, más allá de las puras fantasías e ilusiones.

Durante está última formación hablé del ya archiconocido, tanto en universo del coaching como de la PNL,  Estado Deseado, como aquel punto donde queremos estar y que todavía no hemos conseguido. Hablando sobre el estado deseado, y el proceso hasta llegar a él, un alumno preguntó:

- Y una vez yo alcance el Estado Deseado ¿qué?
- Pues, como decía Walt Disney- respondo- "lo importante no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir" 
- Entonces - prosigue el alumno- ¿esto qué es, un no parar?

Pues sí, querido amigo, es un no parar... ¿en qué crees sino que consiste la Vida? Podemos tomar un respiro, descansar, y tomarnos unas pequeñas vacaciones para sentir cierta estabilidad, asentar unas bases y disfrutar de nuestros logros, pero es conveniente tener en cuenta que la naturaleza del Universo es el Cambio, la Vida te va a ir pidiendo otro paso, más hacia delante, más hacia arriba ... y esto implica, necesariamente un paso más hacia dentro (hacia tu propio autoconocimiento, hacia tu propia evolución personal) .
Lo peor es creer o pensar que una vez hayamos conseguido algo (casarnos, tener un hijo -o dos-, montar un negocio, encontrar un trabajo, aprobar unas oposiciones, ...) ya tenemos la vida solucionada y que todo será perfectamente controlable, rutinario, letárgico, como si nunca más fueran a pasarnos cosas que nos invitaran a salir de lo conocido, para "seguir subiendo".


"Aprendí que lo importante no es llegar a la cima,
sino jamás dejar de subir."
Walt Disney 

Por esto considero tomar consciencia de nuestra capacidad creativa ya que estamos continuamente creando nuestra propia vida a través de las decisiones que tomamos, a través de nuestras elecciones, a través de nuestra capacidad de ver alternativas, no sé si mejores, pero sí diferentes, arriesgándonos, eso sí, a probar algo nuevo, y que tal vez no cubra con nuestro ideal primero o con ciertas expectativas preestablecidas en nuestra cabeza pero que nos motiva a seguir encontrando maneras para conseguirlo. 

La Vida es un continuo reto, una continua aventura, que muchos creen controlar, pero que realmente a lo que podemos aspirar es a saber gestionar los acontecimientos, las adversidades, los imprevistos...  lo que va trayendo, a veces con suaves y pequeñas olas, a veces con grandes tempestades. 

No sé cuál es tu sueño, ni qué desearías para ti si te lo preguntaras, lo que sé es que si no pruebas a hacer algo nuevo, que te mueva, que te apasione (incluso que te incomode un poco) la vida se moverá para que finalmente, aunque sea a regañadientes, cambies: tú y tu manera de ver la vida, tú y tus circunstancias, tú y tu estilo de vida. Y no creas que ante grandes hitos de tu existencia, la aventura se va a frenar, va a terminar... no, la vida te va a continuar invitando a seguir subiendo. 


"Hay algo más fascinante que leer una historia: escribir la tuya propia con ilusión y alegría. Y contártela cada día"
Fitzroy Chevalier


PD. Dedicado a todas aquellas personas que están en su proceso de seguir elevándose, que se motivan día a día para conseguir su siguiente objetivo, que se reinventan continuamente para jamás dejar de subir.

 

jueves, 31 de enero de 2019

¿Cuál es tu rareza?








Lo normal es aburrido.
Lo normal sigue las normas, sigue lo establecido y lo reglado sin cuestionarlo.
Desde lo normal de cada uno nunca crearemos nada nuevo, nada grande, nada extraordinario. Lo normal mata indiscriminadamente todo talento, toda creatividad y todo lo sorprendente de la naturaleza singular de cada ser humano. Si queremos hacer algo nuevo y asombroso no es en nuestras "normalidades" donde tenemos que buscar sino en  nuestras rarezas.

Hace unos días volví a ver por enésima vez,  La Liga de los Hombres Extraordinarios (2003).
A pesar de algunos errores de dirección, incluso algún experto diría que de montaje y post producción, una vez más me quedo con la historia que nos es contada a través de sus personajes y hazañas. Me quedo con el mensaje o interpretación de lo que un espectador agudo y audaz, puede ser capaz de leer entre líneas.

Ambientada en 1899, siete personajes seleccionados por sus peculiares cualidades que los hacen únicos, extraordinarios, son reunidos por el Imperio Británico con el fin de evitar una guerra mundial. Estos personajes los forman los protagonistas de algunas creaciones de grandes autores de la literatura fantástica de la segunda mitad del siglo XIX, a saber: el Hombre Invisible, Dorian Gray, el Capitán Nemo, Allan Quatermain, Tom Sawyer, la Mujer Vampiro, y Henry Jekyll (con su Mr. Hyde). Como muchos de los films y para los más exquisitos investigadores de historias, cual buscadores de tesoros, la película va más allá de los efectos especiales, las hazañas, las puestas en escena y la relación entre sus personajes si sabemos leerla y hacer las conexiones adecuadas. ¿Qué historia nos está contando y qué nos está contando esa historia?

Esto me llevó a centrarme en uno (o dos, según como se mire) de los personajes de la historia de los hombres extraordinarios: la relación entre Jekyll y Hyde. Ya son harto sabidos, estudiados e interpretados los significados psicológicos que se le han atribuido a la relación entre estos dos personajes, dentro de uno mismo. Esa dualidad entre lo “correcto” e “incorrecto”, entre lo que mostramos y lo que ocultamos, entre la “normal” y aceptado y lo “extraordinario” y repudiado… Esa parte oscura, que reprimimos por sociabilidad, y ocultamos para ser aceptados. Nuestra sombra. Nuestra rareza. Nuestra “extraordinariez”.


"No soy extraño, simplemente no soy normal" 
Salvador Dalí
 

A lo largo este film tanto Jekyll como Hyde evolucionan, siguiendo el patrón común de cualquier proceso de cambio: negación, negociación y aceptación, para simplificar.
Veamos.

1)    Negación.

Jekyll pretende, ante todo, ocultar a Hyde, es alguien sucio, destructor y que expresa lo que realmente siente (un descarado y un pecador), a menudo la rabia, la espontaneidad y todo lo que Jekyll no se atreve a mostrar. Jekyll se enamora de Mina (la mujer vampiro), pero solamente se permite observarla y mirarla desde la distancia. Hyde le susurra :
-   Mírala… Es lo tuyo… Mirar pero no tocar…
Jekyll intenta ignorar esa voz interna pero Hyde insiste:
-   Sabes que no puedes evitarme… Bébete el elixir.
-    ¡No! – Se reprime Jekyll- …
-    Ni apenas te mira – insiste el Escondido - …A mí me miraría… ¡Bébetelo!
Pero Jekyll sigue negando y temiendo la oscuridad de Hyde. Cree que Hyde lo utiliza a él para existir, para manifestarse,… y su idea sobre el bien y el mal, le impide acceder.
No obstante, llega el momento de luchar con el resto de la Liga y contra el enemigo común. Escenario: Venecia. Todos parten en un auto hasta el centro de la ciudad para evitar que esta estalle en mil pedazos. Quatermain le invita a subir al coche:
-    Vamos Jekyll, suba… necesitamos a Hyde.
-    ¡No! – insiste y persiste el Dr. Jekyll – Hyde no me volverá a utilizar.
Entonces, Dorian con una cínica sonrisa interviene:
-    Entonces… ¿de qué nos sirve usted?



"Si uno se siente perseguido por un ogro y se convierte en el ogro, la pesadilla desaparece" 
Fritz Perls

¿De qué podemos servir  a un bien común, un objetivo, una misión compartida, si reprimimos nuestros más recónditos talentos? ¿Cómo vamos a aportar desde lo mejor de nosotros si escondemos nuestro potencial? ¿Cómo vamos a contribuir desde lo extraordinario de cada uno si ocultamos nuestras rarezas?

La historia sigue…

2)    Negociación.

Minutos de película más tarde...
El submarino en el que viajan nuestros héroes es atacado. Se avecina un momento determinante en la relación Jekyll y Hyde para salvar el navío y a su tripulación. Jekyll ve a Hyde a través del espejo… Este le espeta:
-    Podemos hacerlo, Henry
-    ¿De qué demonios estás hablando?- responde Jekyll temeroso.
-    Sabes que juntos…lo conseguiremos.

Hay que abrir una compuerta para dejar salir el agua que hunde el submarino, sin la fuerza de Hyde la hazaña es imposible para los hombres corrientes, ni siquiera uniendo la fuerza de varios. Jekyll accede a la petición de su sombra, por el bien de todos los allí en peligro. Entonces y después del éxito de tal proeza, Jekyll descubre lo útil y beneficioso que es para todos dejar que se manifiesta el Sr. Escondido. Su parte más poderosa… Juntos, la bondad y la templanza de uno con la ferocidad y la osadía del otro.

Al terminar este percance dentro del navío, todavía reticente, Jekyll se reúne con el resto de sus compañeros y es recibido con miradas de triunfo y aceptación. Sonriente, satisfecho y con una actitud más empoderada les advierte, todavía precavido: No convirtamos en santo a un pecador; la próxima vez, quizá no resulte tan útil.

3)    Aceptación.

Sin embargo, Jekyll empieza a considerar la “utilidad” de su bestia, ahora también aceptada y reconocida por el grupo; y los dos egos  empiezan a acercarse, conformando, ahora sí, una personalidad completa; empieza a haber una reconciliación de partes: lo sociable y benévolo (pero débil y poco atrevido) con lo oculto y osado, bestia y oscuro (pero enajenado por a la “normalidad” social).  Esta unión ya aceptada se ve en otra secuencia: cuando la Liga tiene que entrar en la fortaleza del enemigo para rescatar a unos científicos y a sus familias. Nemo (el capitán del Nautilius) alerta:
-    Tenemos problemas
A lo que Jekyll convertido en Hyde, responde:
-    ¿Problemas? Yo lo llamo deporte.

Ya es uno más, ya encuentra su misión con la liga, ya sabe que su peculiaridad aporta un servicio del cual todos se pueden beneficiar.

Y se transforma. La bestia ha sido domada, ha encontrado su sitio al unirse y ponerse al servicio de los Hombres Extraordinarios para seguir luchando contra malechores y villanos. Ya no le temen, ya no le huyen. Ahora Jekyll pone su furia (entrenada, domada y más humana) al servicio de algo más grande.


"Siempre me han malinterpretado. 
Sabes, podría vestirme con un traje de payaso y reírme con la gente feliz,
pero aún dirían que soy una personalidad oscura"

Tim Burton


¿Cuál es tu rareza?
Sí, aquello que es “raro” para otros pero que tú vives con toda naturalidad. Esa característica peculiar, sin la cual, te cuesta ser tú. Eso que es muy de ti (de dentro) y que los demás no alcanzan a entender (a veces ni a respetar). Eso que, incluso, pretendes o intentas ocultar para no sentirte enajenado dentro de un grupo de pertenencia. Y es allí, precisamente en tus rarezas, donde reside aquello que te hace único, que te hace extraordinario. Ahí mismo se encuentra tu poder. Solo tienes que reconciliarte con ellas, entrenarlas y domarlas, encontrarles un sentido y utilidad más allá de ti y ponerlas al servicio del mundo.



martes, 28 de agosto de 2018

La importancia de volver




Este verano, en un momento vacacional, salimos una amiga y yo, con nuestras respectivas hijas,  a “navegar” con un patín de pedales de agua, de esos que vas pedaleando y dirigiéndolo con una pequeña palanca a modo de “timón”. Salimos entusiasmadas y con ganas de explorar algunas calitas cercanas.   Llegamos a una calita de agua cristalina y sin apenas oleaje. El paraíso. Disfrutamos un ratito bañándonos en sus aguas, dejándonos flotar, observando a los pequeños pececillos... pero al cabo de unos minutos teníamos que volver. Cuando emprendimos el regreso a la playa nos encontramos en una zona de ciertas corrientes submarinas que evitaban que nos dirigiéramos de nuevo a la orilla y nos provocaban entrar en bucle sin avanzar hacia nuestro destino. Sudamos lo nuestro probando diferentes maniobras para salir de allí, alejarnos de las rocas y encauzarnos de nuevo hacia la orilla. Finalmente, y después de unos largos minutos conseguimos salir del bucle y orientarnos hacia la playa sin más altercados. Exhaustas, medio mareadas y agotadas llegamos por fin a tierra firme.

En esta más o menos “absurda” experiencia tomé mejor consciencia de la importancia de volver.

No es llegar… es “volver”.

El verano nos invita a salir y disfrutar de otra manera, a deleitarnos del mar, la montaña, el sol, de otros lugares; nos  brinda, para muchos, unos días de vacaciones para hacer algo nuevo, para saltar de la rutina, y facilitar a nuestro cerebro y biología entera un proceso de oxigenación y goce. Es una época del año imprescindible para desconectar, descansar y disfrutar de otra manera. Pero todo llega a su fin, y tarde o temprano hay que volver. La vuelta la solemos vivir con cierta resignación y malestar, pero hay que hacerlo.

Volver a casa, al lugar de partida; volver con los nuestros, nuestra gente; y sí, también, volver a la rutina, al trabajo, a los horarios y a los plazos. Después de unas semanas de ocio volver “a lo de siempre” se puede convertir en todo un reto para evitar los posibles “daños colaterales” de desánimo, abatimiento antes de empezar de nuevo, y la llamada “depresión post-vacacional”. Tarde o temprano tenemos que volver al mundo ordinario, como expone la metáfora de El Viaje del Héroe.


"El hombre viaja por el mundo en busca de lo que necesita 
y vuelve a casa para encontrarlo"
Georges Augustus Moore

Volver es importante. Es la evidencia  de que no nos hemos perdido, y hemos podido salir de los bucles, de las trampas, de las mareas, del bosque encantado, y de las profundidades rocosas de un país lejano. Es la señal de que sabemos de dónde venimos, a pesar de los inconvenientes, obstáculos e impedimentos que nos hemos podido encontrar. Es la evidencia de que sabemos de dónde somos, qué lugar nos pertenece y a qué lugar pertenecemos.  El ciclo del viaje debe cerrarse, debe volver al punto de partida, aunque nosotros, después de la aventura, ya no seamos los mismos que la iniciaron.

El ciclo de cualquier etapa de nuestra vida que consiste en “estar ausente” del mundo ordinario, de la rutina y la “normalidad” (sea bien por unas vacaciones, un periodo de trabajo fuera de nuestra ciudad o país, una enfermedad grave o un proceso de reconstrucción psicológica y emocional)  debe concluir. Después de las aventuras, los aprendizajes y los logros que hemos ido adquiriendo durante nuestro periplo, hay que volver a casa. Así es la historia de cualquier héroe; es la historia de cualquier etapa de nuestra vida y de toda nuestra vida entera. Saber volver es importante. Y también saber volver a nosotros mismos, cuando nos dejamos perder entre los avatares de la vida, o en circunstancias que irrumpen nuestra cotidianidad. Saber volver para empezar otra vez,  de otra manera, reciclados, refrescados, renovados.

Termina una aventura y empieza otra; siempre dentro de la emocionante aventura de vivir.
Feliz vuelta.


miércoles, 1 de agosto de 2018

La cuarta F: La felicidad




Hace más de un año escribí bajo el título de El poder de las 3F’s (apartado que he mejorado y enriquecido para #LiderandoRetos, editado por Gestión 2000 este mismo año); un artículo sobre tres aspectos a tener en cuenta para la consecución de objetivos: Foco, Flexibilidad y Filtros. Al cabo de unos días de publicar aquella entrada y hablando con un buen amigo al respecto, este me comentó: Te ha faltado la cuarta F: la de Felicidad. Cuánta razón tenía. Ahora, más de un año después, lo retomo.
Nos disponemos a seguir la vida, incluso a alcanzar nuestros sueños, y a menudo nos descuidamos de nuestros propios valores personales o vitales y de la importancia de mantenernos felices mientras seguimos viviendo.

La felicidad es un concepto sobre el cual grandes figuras de la filosofía, neurología, y psicología han escrito, estudiado y llegado a sus propias conclusiones. Por experiencia propia, puedo decir que la felicidad no es algo que “viene”, es algo que se “crea”; y sí, implica grandes dosis de voluntad y coraje para alcanzarla. ¿Desde dónde? Desde lo más profundo de uno mismo; desde las entrañas de cada persona que se proponga ser feliz. La premisa siempre será: querer serlo. Se trata de una actitud y decisión consciente.

Hace unos días leí un artículo de Noelia Conrado bajo el titular: El secreto de la felicidad, según 12 de los filósofos más sabios de la historia y me he inspirado para escribir esta entrada.
Tal y como señala Conrado, “Unos son felices ganando dinero; otros, recibiendo honores, y otros viajando. Cada cual posee el secreto de su propia felicidad. Pero para eso hay que conocerse bien a uno mismo, claro está, y saber qué se quiere." De esta frase se presuponen varios puntos: 


1      Que la felicidad existe

2     Que no tiene un patrón común, cada uno es feliz a su manera

3     Que tenemos la habilidad de conocernos a nosotros mismos

4     Que podemos saber qué queremos


La felicidad en sí mismo es un valor que lo podemos tener en cuenta en nuestra existencia o no. Más allá de las adversidades, los procesos de cambio más o menos dolorosos, y los conflictos que podamos tener a lo largo de nuestra vida, existe (si nos ocupamos de desarrollarlo) un estado intrínseco que nos permite, a pesar de todo, sentirnos a gusto y satisfechos con nuestro estilo de vida; estar atentos a aprender y mejorar, observar los puntos críticos y ponernos a trabajar en ellos para seguir siendo felices, o volver a serlo, si en algún momento hemos perdido ese sentir. 


“En realidad las personas no buscan la felicidad, lo que quieren es hacer cosas que den sentido a su vida para sentirse felices. 
 Aldous Huxley


El concepto de felicidad es muy subjetivo. Como dice Huxley, tiene que ver con dar sentido a la propia existencia; el sentido de la vida. Y el sentido de nuestra vida tiene que ver, con el sentimiento de autorrealización personal, descubrir los valores que nos llevan y nos mueven a vivir de una manera determinada. La felicidad misma está vinculada a otros valores, también muy subjetivos: la paz interior, el dinero, el amor, el estatus y reconocimiento social, la libertad, la soledad, etc. Para muchos filósofos, la felicidad está relacionada con, como dice Conrado, conocerse bien a uno mismo.
Cada uno de nosotros somos dueños de nuestra propia vida y en nuestras manos está cómo queremos vivirla. Pero si no nos conocemos, si no apostamos por nuestro propio desarrollo personal, nunca descubriremos qué es lo importante para nosotros, cuáles son nuestros valores vitales, qué es lo que nos mueve a la hora de tomar decisiones y conseguir nuestras metas, y en qué somos buenos y dónde enfocar nuestras energías para potenciar nuestros talentos.
La felicidad no es gratis. No se nos da; depende de nuestra actitud, del estilo de vida que queramos alcanzar,  de nuestro propio autoconocimiento, y esto nos lo tenemos que ganar.
Al fin y al cabo si nos ocupamos de ser felices, sonreíremos mejor a la vida, haremos mejor las cosas, nos relacionaríamos mejor con nuestros diferentes entornos y personas, seremos más creativos, comprensivos y amables, y eso, inevitablemente potenciaría nuestra propia felicidad. Todos ganamos.

Llegados a este punto te invito a reflexionar:
¿Qué es para ti ser feliz?
¿Qué haces para serlo? ¿Y para no serlo?
¿Cuál es tu estilo de vida deseado?
¿Por dónde vas a empezar?


Gracias, como siempre, por leerme.

lunes, 18 de junio de 2018

Cómo generar un NO-Problema






Etimológicamente problema significa asunto que se tiene que solucionar. A veces emergen circunstancias que dificultan u obstaculizan nuestro camino (se puede torcer  un día, o complicar un proyecto); ahora, que eso se convierta en un problema es asunto nuestro. Pienso que los problemas, más allá de los entresijos,"enigmas" y "misterios" que presentan algunas de las ciencias, como las matemáticas o la física, no existen como tal, los generamos nosotros. Los seres humanos somos seres complejos por naturaleza, y como tal tenemos una habilidad especial para generarnos problemas. 

Un término más ajustado para definir este tipo de "contratiempos" sería las dificultades (cualidad de requerir mucho esfuerzo para lograrlo): procesos que se complican y cuestan más tiempo, dedicación, energía o dinero en solucionar o resolver. "Complicado" significa hacer más difícil, las cosas se complican cuando emergen aspectos y elementos a tener en cuenta e implican la participación y colaboración de muchos elementos y, a menudo, otros subprocesos que a su vez están condicionados por otros elementos. A veces las circunstancias se complican, pero que eso lo vivamos como un problema, tiene más que ver con nuestra actitud ante lo que acontece, que en lo acontecido en sí mismo. En ocasiones, las cosas suceden de manera sencilla y amena, los acontecimientos se despliegan fácilmente y sin obstáculos o resistencias; y en otras, las cosas se complican, surgen dificultades,  trabas, intransigencias que nos sacan de nuestra zona de comodidad y de lo previsible, entonces sentimos que «perdemos el control» sobre eso y empezamos a generar problemas hacia dentro nuestro y hacia nuestro entorno.

Esto es también bastante habitual en las relaciones interpersonales en las empresas, donde la eficaz interactuación entre diferentes roles y rangos, departamentos y equipos, es imprescindible para la buen funcionamiento de una organización, de cumplir con los objetivos y contribuir al éxito. En Liderando retos (Gestión 2000) Empar Callejas y yo, exponemos y analizamos diferentes casos en los que, por diversas causas (mala gestión, comunicación ineficaz, falta de liderazgo, objetivos mal planteados, etc) se han generado una serie de conflictos interpersonales que se han convertido en auténticos obstáculos para el desarrollo del trabajo individual y colectivo y la eficaz  consecución de objetivos. Saber prevenirlos, afrontarlos o resolverlos, puede ser clave, para el beneficio de todos. Para ello proponemos una serie de estrategias y dinámicas que se pueden realizar tanto individualmente, como por parejas o con los miembros de un equipo. 

Las empresas estan formadas por personas, y el logro de una empresa o el éxito de una organización se debe en gran parte al sentimiento de logro, de éxito y de contribución de cada uno de los miembros que la forman. Cuando dentro de nuestra organización priman la queja y la resignación, la culpa y el beneficio individual por delante del beneficio colectivo, se está generando un problema; cuando en lugar de facilitar la convivencia y el trabajo en equipo, lo complicamos añadiendo cargas emocionales innecesarias o luchas de poder, estamos generando un problema; cuando nos desentendemos de atenciones y responsabilidades que nos competen; estamos generando un problema. Dentro de un sistema (como es una empresa, asociación o organización) esto puede desencadenar situaciones no deseadas, y que contribuyamos a que el asunto se agrave si no tomamos consciencia y hacemos algo para evitar conflictos más graves o de mayor repercusión. 

Generamos problemas cuando no tomamos decisiones, y nos dejamos llevar por la inercia de lo cotidiano; cuando no estamos alineados con  nuestros valores, cuando lo que decimos no se corresponde con lo que hacemos,  cuando generamos desconfianza... Generamos problemas cuando complicamos la labor y las tareas de los demás cuando no nos hacernos responsables de las nuestras, cuando perdemos la visión sistémica y velamos solamente por nuestro propio beneficio viviendo de «renta emocional» y a crédito de favores; cuando abusamos de la confianza y de la amistad, del buen rollo o de la actitud generosa o bienintencionada de otros; cuando nos predisponemos a recibir, sin estar dispuestos a dar, ni siquiera a negociar. Generamos problemas cuando vemos las carencias y los “vacíos” en lugar de contemplar los recursos y los “llenos”, cuando nos enfocamos en las sombras sin percibir las luces, cuando nos dejamos llevar por los dramas sin pensar creativamente en soluciones. Vivimos la realidad como drama cuando nos movemos por los defectos, incapacidades y limitaciones de nosotros mismos y de los demás en lugar de orientarnos hacia los efectos, capacidades y potencialidades, nuestras y del mundo. Si somos capaces de crear problemas, somos capaces de generar no-problemas.

Y esto es posible en las diferentes áreas de nuestra vida. Incluso en el entorno laboral y profesional.

A menudo los conflictos no se generan por mala fe o intención, a menudo son derivados de falta de comunicación transparente y honesta; falta de información o verificación de la misma, o de confrontar diferentes puntos de vista. O de todo un cúmulo de situaciones y acontecimientos desafortunados que nos llevan a la confusión y a desconfiar de las personas o equipos implicados.
 
No se trata de evitar los conflictos, si no de aprender a «ir más allá». Generar un no-problema tiene que ver en concebir las situaciones (y movernos en ellas) de manera global, holística y sistémicamente. Generamos un no-problema cuando nos regimos por valores elevados como la concordia, el respeto, el reconocimiento, la responsabilidad, la aceptación de otras maneras de percibir, pensar, sentir y hacer.  Cuando estamos enfocados más en unir que en separar, más en establecer semejanzas que señalar las diferencias, cuando acompasamos los acontecimientos sin resistencias y asumiéndolos como parte de un proceso permitiéndonos fluir y aprender de manera natural, y esto nos permite ser más eficaces y resolutivos a la hora de gestionarnos frente a los acontecimientos. Generamos un no-problema cuando mantenemos nuestro ego a raya. 



“La solución a los problemas que ves en tu vida, es vivir de tal forma que desaparezca lo problemático.” 
Ludwing Wittgenstein 

Si ponemos especial atención y nos ocupamos de generar no-problemas estaremos enfocando nuestra energía en generar más oportunidades de éxito y logros deseados, que desavenencias y conflictos.



¿Cómo generas tú un no-problema?

Gracias por leerme.





 

viernes, 27 de abril de 2018

#EstoVaEnSerio






A menudo, cuando decidimos salir de nuestra zona de confort y emprender algo que nunca antes habíamos hecho, empezamos a contemplar posibilidades de éxito para alcanzar un propósito o hacer realidad un sueño. Entonces es cuando empezamos a diseñar un plan aproximado para determinar qué pasos serán los necesarios seguir para conseguirlo y así nos trazamos un mapa de ruta hacia donde queremos llegar.

Hasta ahí todo bien.

La mayoría de las veces no tenemos ni idea de en qué posible lío nos estamos metiendo, ni somos demasiado conscientes del proceso por el que vamos a tener que pasar. Nunca antes lo hemos hecho y todo va a ser nuevo para nosotros; sin embargo, aunque nos pueda suponer cierta sensación de vértigo o desazón, nos ponemos a ello. Ni qué hablar de ni tan siquiera imaginarnos lo que significará para nosotros (el sentido que le daremos) el hecho de alcanzarlo, más allá de la sensación de logro. Lo queremos hacer, lo queremos conseguir, a pesar del miedo o la incertidumbre, y punto.
Vamos marcándonos la ruta, y vamos haciendo el camino al andar.

Todo puede ir yendo más o menos bien, a pesar de que nos encontremos algún que otro obstáculo que superar, alguna emergencia que atender o algún reto que liderar o gestionar. Vamos avanzando y cumpliendo plazos, cumpliendo requisitos y consiguiendo pequeñas metas que poco a poco nos van acercando al logro u objetivo deseado. Vamos hilvanando nuestra ruta y tejiendo la senda que nos lleva hacia allí.

Hasta que llega el día…

Habrán muchos, pero solamente habrá un día, en el que empezamos a tomar consciencia de que nuestro trayecto está llegando a su fin. Ha empezado la cuenta atrás y podemos llegar a sentir que el suelo se tambalea a nuestros pies. ¿Estamos preparados para asumir el reto de llegar allí? ¿Estamos preparados para sostener aquello que nos venga a partir del logro conseguido? ¿Qué ocurrirá entonces?

Ese día sentimos con más intensidad que ningún otro que esto ya está ahí, que esto va en serio. La hora de la verdad se acerca, y una vez pasemos por ese momento de logro, subiremos, como si de un videojuego se tratara, a otro nivel, entraremos en otra fase, siguiendo el ciclo natural del aprendizaje, de la evolución personal, de la vida. Llegaremos a un fin para empezar un nuevo comienzo. Hay un día en el que tomamos consciencia, no sin cierto vértigo, de que todo aquello cuidadosamente tejido, creado y elaborado a espaldas del mundo y con solamente unos cuantos aliados, va a dejarse ver por una multitud, se va a exponer ante un público desconocido y se va a revelar la labor de muchos meses o tal vez años de trabajo, de renuncias, de compromiso, disciplina y noches sin dormir. Entonces nos damos cuenta que entramos en el último tramo de un largo viaje y que, más allá de un sueño realizado, a pesar de todo el proceso, #EstoVaEnSerio.

El impacto que podrá causar sobre nosotros mismos y sobre otras personas está fuera de nuestro control. Los acontecimientos que se desarrollarán a partir de entonces, también. Ya no son castillos en el aire o sueños de un loco con delirios de grandeza. Existen evidencias de que estamos cada vez más cerca, de que los plazos los estamos cumpliendo, que los requisitos se van afianzando, y de que nuestro objetivo ya se puede sentir, se empieza a palpar, ver, leer. Se constata, empieza a ser algo más real. Las señales son cada vez más eminentes y aquello por lo que tanto hemos soñado (y hemos trabajado) se desvela ante nosotros. Eso por lo que hemos estado dedicando horas, energía y atención durante mucho tiempo atrás, de repente se va materializando frente a nosotros sin demora, sin obstáculos, sin titubeos… #EstoVaEnSerio y ya no hay vuelta atrás, que el camino recorrido no se puede des-recorrer, porque fue un camino sin retorno, porque es lo que tienen las aventuras, que convierten a los hombres y mujeres comunes en auténticos héroes y heroínas de su propia historia.

Volveremos a casa, después … más tarde… para emprender el siguiente ciclo, el siguiente nivel, y seguir cultivando el jardín de nuestra vida. Que la vida también va en serio, aunque haya momentos que la tenga que salvar fuertes dosis de risas y sentido del humor.
#EstoTambienVaEnSerio.

Gracias Carmen Esther Lafuente, por tu consentimiento para yo poder hacer uso de este hastag ,que tú creaste, y que me inspiró para esta entrada. ;)


Gracias por leerme.


jueves, 8 de febrero de 2018

Los retos que elegimos, los retos que nos llegan




No es lo mismo aventurarse hacia algo desconocido por propia elección de hacer algo nuevo, de probar otras cosas, de estar dispuestos asumir los riesgos y las consecuencias  porque queremos y nos apetece, que ser empujados a salir de nuestra zona de confort porque otros “han movido ficha” en su  vida, las circunstancias han cambiado y nos vemos afectados de manera directa o indirecta a cambiar también algun aspecto de nuestra vida.

No es lo mismo, cuando decidimos retarnos a nosotros mismos e indagar sobre nuestros propios recursos y capacidades, explorar nuestro potencial y encontrar ciertas limitaciones a superar, que sentirnos que vamos directos al abismo vacios de equipaje y temerosos de lo que nos vayamos a poder encontrar.

Hay retos que elegimos y hay que nos llegan.

Los que nos llegan por ley de vida  no los podemos evitar, vendrán de forma drástica o de forma sutil, podrán llegar llamando a nuestra puerta una y otra vez hasta que aceptemos el reto de salir de lo ya conocido y aceptar, solventar y superar el reto.

Sin embargo lo que ambos tipos de retos tienen en común es el aprendizaje intrínseco que supone salir de nuestra zona de confort, de nuestro estado asegurado y de la sensación de comodidad, en pro de conseguir mejorar alguna área concreta de nuestra vida o toda ella. Si estamos abiertos y despiertos a darnos cuenta de lo aprendido sabremos ver que realmente ha habido una ganancia extraordinaria al final del camino que ha terminado por favorecer nuestro propio crecimiento personal.

La vida en sí es un reto, estamos en continuo cambio y pocas cosas y situaciones son para siempre: ni las amistades, ni los estudios, ni los puestos de trabajo, ni las relaciones personales, ni el lugar de residencia,... A menudo, por circunstancias, la vida nos empuja a cambiar, a dejar de acomodarnos, a salir hacia territorio desconocido y emprender viajes heroicos de transformación y evolución personal, si es así como los queremos percibir; porque hay personas que los viven como verdaderas desgracias sintiéndose víctimas de los acontecimientos. Tememos a los cambios no elegidos porque nos ponen en jaque ante nosotros mismos: ¿Seré capaz de adaptarme a esto? ¿Cómo podré hacer frente a esta situación? ¿Cómo voy a soportarlo? ¿Qué voy a hacer ahora? Este tipo de retos cuestionan lo que ya tenemos como establecido, asentado y creyendo fiable y para siempre; cuestionan nuestras propias creencias, ponen en entredicho nuestros propios valores y nuestra manera de ser y estar. Y esto no nos suele gustar.

Para mí los seres humanos se diferencias en dos tipos: los felices y los no-felices. Curiosamente, la mayoría de los no-felices son los se niegan a cambiar y viven el cambio de una manera dramática y quejumbrosa, les cuesta probar algo nuevo y ciertamente algo arriesgado no vaya a ser que se queden peor de cómo empezaron; y la mayoría de los felices son los que se sienten realmente cómodos saliendo de su propia zona de confort, los que aprenden las lecciones de la vida, los que se aburren de hacer siempre lo mismo o estar en su área acomodada durante demasiado tiempo. Las personas felices se motivan solas. Estas personas se mueven, hacen cosas diferentes, innovan y tienen como ley natural hacer cosas nuevas para mejorar su vida y sentirse autorrealizados y felices. Son mentes inquietas que buscan sus propios retos para mejorar, crecer y sentirse vivos.

Cuando nos acomodamos durante demasiado tiempo a una realidad y nos negamos a cambiar o a aprender, la vida nos propondrá un sinfín de oportunidades para que salgamos de ahí, para que hagamos algo diferente, para que emprendamos nuevos caminos. A menudo no nos damos cuenta porque no lo queremos ver, otras veces sentimos la llamada y aún con miedo o cierta desazón decidimos salir de lo conocido y emprender una nueva manera de hacer, pensar, trabajar, relacionarnos, etc. Una nueva manera de vivir.

Cuando nos entrenamos ante los retos que nosotros mismos elegimos vamos preparándonos para los retos que la vida tiene para nosotros: superar una enfermedad, sufrir la pérdida de un ser querido, cambiar de situación laboral, … es algo que a todos nos pasará (o nos ha pasado) en algún momento de nuestra trayectoria vital; son enseñanzas y aprendizajes de la vida cotidiana. Pasar por los retos de la vida tenemos que  pasar todos en más de una o mil ocasiones a lo largo de nuestro recorrido; sin embargo, si nos plantemos nuevas metas, nuevas aventuras y nuevos retos por voluntad propia y decidimos pasar a la acción, planificar los acontecimientos, reconocer y aceptar nuestras capacidades y apasionarnos con ello ya llevaremos mucho bagaje y destreza para cuando la vida nos ponga en jaque ante situaciones no deseadas. ¿Por qué? Porque sabremos que es algo que pasará, porque sabremos que es un proceso de aprendizaje y toma de consciencia, porque sabremos que al final nos habremos convertido en alguien con más experiencias, más sabio y con más historias que contar. Porque si fuimos capaces de superar nuestros propios retos elegidos, también seremos capaces de superar los que nos brinda la vida.

Y llegados a este punto: ¿Cuál será tu próximo reto que vas a elegir ?

#LiderandoRetos

Gracias por leerme